La intervención social tendrá siempre un carácter
integral. Para garantizar la eficacia, es necesario
abordar todas las áreas: salud, educación,
vivienda, justicia, trabajo..., de forma
coordinada.
El tratamiento se realizará de forma
individualizada. Cualquier intervención
requiere la realización de planes individuales
o de itinerarios personalizados
de inserción.
Se rechazará cualquier tipo de
medida paternalista. Toda intervención irá
dirigida a potenciar las habilidades individuales.
El objetivo es la promoción y la autonomía
del individuo.
Siempre se intentará llegar a la inserción,
aunque no exclusivamente, por el terreno económico. Cualquier fórmula puede
ser eficaz, pero la mejor es la que persiga la inserción en el ámbito laboral.
Como método general, se intentará convencer, no
obligar. El objetivo a perseguir será siempre un compromiso
de cambio de cada familia y de cada persona.
La contraprestación constituye una presión terapéutica y
siempre estará incluida dentro de un proceso de inserción
programado, cuyo protagonista es el individuo. La contraprestación no es algo que el usuario nos debe.
El modelo teórico adoptado por este equipo es el
modelo cognitivo-conductual o del aprendizaje social.
El trabajo se realizará en equipo. La metodología
de trabajo será la propia de un equipo
interdisciplinar.
La intervención social tiene que ser diseñada, llevada
a cabo y valorada por profesionales. Valoramos
muy positivamente la labor del voluntariado y resulta,
en ocasiones, vital para la intervención, pero
consideramos que el trabajo del voluntario
tiene que dirigirse a completar y apoyar la intervención
de acciones técnicas, elaboradas por profesionales
sociales.